Hasta que mi Suegra nos Separe

17 de junio de 2009

Escrito por el JuanAn.


Se va acercando la hora nupcial, tan soñada por ella desde que nadaba en el vientre de su madre. Pues la Charito pertenece a una de esas predominantes familias cristianas , concretamente del catolicismo más desnatado y bajito en calorías. De esas que no se quisieran morir sin haber pasado por la vicaría vestidita de blanco, frecuentadora de iglesias (es decir asiste a bautizos, comuniones, confirmaciones, funerales, bodas, bodas de plata, de oro...). Y por supuesto acude en Semana Santa para ver como han adornado el paso del cristo de la Misericordia. Su declaración de fé más testimonial y para nada contradictoria, gusta ofrecerla cuando se sumerje en profundas reflexiones teológicas, diciendo:

-Yo soy católica, pero no creo en los curas.

Su mejor excusa para justificarse de que no va a llegar inmaculada al matrimonio será confesarle al sacerdote que el virgo se lo dejó pegado en el potro del colegio con nueve años, saltando en clase de gimnasia.

Él, sin embargo, es de otra manera de pensar. Es más de su madre, y de su cañita de pescar. Al Antoñín le da igual casarse a los 35, que a los 40 , o vivir “arejuntao”. Y si por él fuera, iría al altar perfectamente con el traje que le prestó su hermano para el cotillón de fin de año. Para él, el misterio de la santísima trinidad es cuando contempla a Xavi, a Mesi y a Iniesta haciendo milagros sobre el césped. Y el débil ideal que aún conserva de la familia tradicional, lo manda rapidamente al carajo cada vez que vuelve de visitar a su cuñado y a sus siete sobrinos.

No piensen, queridos lectores, que son ajenos a este arquetipo de novios que les presento, pues la Charito y el Antoñín podrían ser tranquilamente cualquiera de ustedes... ¿o no?


¡Ay, que ilusión! Al fin se han sentado los dos pavitos a hacer la lista de invitados, pero cada dos minutos se está asomando la futura suegra para recordarles que también hay que invitar a la vecina de la abuela, y a su tía segunda. Poco a poco, la susodicha va ganando terreno. Ha pasado un cuarto de hora, y cuando se han dado cuenta, ya está sentada en el sofá en medio de los dos con el papel y el boli en la mano, apuntando nombres sin parar.

Y llega la despedida de solteros, que no es otra cosa que la última voluntad antes de la horca. Es la necesidad de paladear intensamente lo que será el último vómito de juventud. Pero eso sí, de forma original, porque ellos rompen con lo establecido. O sea, la Charito se va de marcha con cinco amigas, a ver a los “boys” y luego a la “disco”, ya hartas de chupitos, con una banda de miss y un nabo de goma en la cabeza. Entre tanto , en la otra parte de la ciudad, el Antoñín es tentado por sus amigos del “futbito” en la barra de un prostíbulo para que se entregue a los desatados placeres caribeños. Pero nuestro hombre es muy fiel a la Charito, y al final es él quién se queda en el taburete, con un calentón grandísimo, tomando un cubata mientras que a sus colegas ya se los han llevado a la primera planta.

Van pasando los días, y sólo falta una semana. El móvil de Antoñín empieza a sonar . Se van dando las primeras bajas de conocidos , que por diferentes imprevistos no podrán acudir a la boda. El Antoñín se lamenta en el teléfono ante cada invitado de menos, expresándoles con voz desencantada:

-¡No me jodas! ¡No me digas que no puedes venir! ¡Qué lástima, de verdad!

Y cuando cuelga, se frota las manos y sonriente dice:

-¡A tomar por culo, dos cubiertos menos que pagar!

¡Tolón, tolón, repican las campanas del Carmen! Es el Sábado del gran enlace. El momento más ansiado para nuestra novia. Su piedra angular. La primera meta de su realización como mujer en la vida, tras largos años buscando su identidad femenina. Sin duda alguna el día más importante de cualquier muchacha normal y corriente que se precie .

A cuentagotas van apareciendo en la plaza los primeros familiares y amigos. ¡Qué guapos están todos! Hasta el hortera que siempre anda con los Nike y los pantalones de camuflaje hoy va vestido de Adolfo Domínguez. ¡Oh, no, horror! Por una esquina acaba de aparecer Belén, la típica invitada “mete-pata”, luciendo un deslumbrante vestido blanco, chafándole con ese sacro color toda la exclusividad a la pobre novia. En el sector femenino se percibe un malestar general. La Gertrudis y la Ramona hacen “por lo bajini” sus primeros comentarios sobre el padrino:

-Escucha, esto entre nosotras, yo que quieres que te diga, pero el padre de la novia tiene toda la cara del capullo que lleva "plantao" en la solapa.

La Taila irradia en su mirada la lozanía de sus 27 añitos, y sobre todo la ilusión de poder estrenar el vestido corto que ha adquirido en una boutique de diseño. ¡Pero, maldición, No es posible! Rosalía, la hija del tapicero acaba de aparecer entre las bancas con el mismo vestido que ella, pues hasta en la flor es calcado. Se produce un tensísimo cruce de miradas entre ambas. La Taila se deshace en su asiento, quiere morirse.

Pasan unos minutos, la Charito ya está entrando en el templo, solemnemente, como la princesa que es. En ese instante suena la marcha de Méndelson que estremece a todos los presentes con sus sublimes notas. Al paso de la novia, la Gertrudis y la Ramona murmuran en voz baja:

-¡Uy, la Charito, lo recargada de pintura que va! ¡Está feísima, por Dios!


- ¿A donde irá con tantos volantes? ¿a la feria? ¡Ja, ja, ja! Y con ese escote de palabra de honor, que le llegan las tetas a la barbilla...

Por otros motivos, además de la boda, este no es un Sábado cualquiera, pues en este preciso momento España está jugando un partido crucial, acontecimiento que ha provocado que la mitad de los varones hayan pasado de la ceremonia y estén todos metidos en el bar de en frente, llenándolo hasta la bandera. Es obvio que el Antoñín también se iría con ellos a animar a “La Roja” si pudiera escaparse. Efectivamente , cosas así suceden cuando menos lo esperas.

El ritual transcurre con normalidad, se lo pueden imaginar, entre las travaderas de lengua del novio a la hora de leer y los gritos y llantos de una jauría de niños histéricos perdidos. El monaguillo, ya un poquito nervioso, susurra:

-Que venga Herodes, por Dios, que venga Herodes...

El sacerdote es un joven paraguayo de 28 años, que tiene que hacer de tripas corazón para evitar fijar sus ojos, en los rebosantes senos que buyen del escotazo de la novia, dignos de hacerle pensar en colgar los hábitos en la puerta de cualquier agencia de contactos. Por otro lado, el monaguillo, que ya lo venía catando, dice para sus adentros:

-¡Hay que ver, la carita de Pájaro Espino que se le está poniendo al gachó!

Ya fuera de la iglesia, una lluvia de pétalos de rosas y pompas de jabón envuelven a los recién casados. La Gertrudis y la Ramona se les acercan risueñas, toman entre sus manos la carita de la Charito, y tras colmarla de besos afectuosos, le dicen:

-¡Muchas felicidades tesoro!

-¡Pero qué guapísima vas!

-¡Estás preciosa con ese vestido tan fino!

-¡Y que elegante se ha puesto tu padre!

Gritos de “¡Vivan los novios!” se suceden unos a otros. Los claxon de los coches jalean en toda la Calle Real, pero no en homenaje a los esposos, sino… ¡porque ha ganado España! Desde el bar de enfrente terminan de llegar apresuradamente los últimos rezagados.

El primer mal trago que hay que beber cuando se entra en el salón del banquete es no saber con quién te pondrán en la mesa. El segundo es tener que confirmar lo que te temías. Pues, por misterios del destino, a la Taila y la Rosalía les acaba de tocar juntas. Codo con codo, flor con flor. Para el resto de invitados, ya son la Pili y Mili, las Zipi y Zape de la fiesta. A la Taila se le ha corrido todo el “Margaret Astor” de la pena. Pero aún le queda la esperanza de que el vestido de la Rosalía termine manchado de vino tinto de arriba a bajo. En la mesa contigua se sientan Amanda y Brandon, una parejita que profesa la religión Jainista, pero que han tenido que asistir por cojones a la iglesia, pues de lo contrario la Charito no les habría perdonado en la vida tal ofensa. Al otro lado del salón, los maridos de la Gertrudis y la Ramona intercambian sus impresiones sobre el ambiente:

-No veas como menean el bigote los familiares del novio, luego dicen que son gente de poco comer, y no han levantado la cabeza del plato en toda la noche.

La Ramona, hace una crítica constructiva:

-¡Uy, qué torcida lleva la peineta la madrina! ¡Parece que le han dado una "pedrá"! ¡Ja, ja, ja!

- Se habrá enganchado con un árbol... ¡Ja, ja, ja, ja!

En ese momento, la Ramona se levanta y con voz de pregonero de caballas grita:

-¡Viva la madre de el noviooo!

Y todos responden:

-¡Vivaaaa!

Hasta hace unos años, en las bodas se veían a unas señoras que, a modo de carterista de metro, iban rapiñando en una fiambrera comida de cada plato, que después guardaban en su bolso de carey. Desafortunadamente, esta figura ya se ha extinguido, como todo lo que es auténtico, pero lo que sí ha sobrevivido es otro personaje mítico, que, cómo no, hoy se encuentra en nuestra cena. El “Pulga”, un simpático sesentón que entre sus pies descalzados ha escondido dos botellitas de vino que más tarde se irá bebiendo reposadamente.

Mientras, el Jose Mari, que desde que se sentó está poniendo carita de asco, acaba de entrar en acción:

-¡Hay que ver que poca comida! La guarnición está flotando en aceite. ¡Qué lamiosas están las cocretas! No han sido capaces de poner ni unas gambitas... Igualito que en la boda de mi hijo, vamos, que había de todo, hasta el sorbete estaba hecho de lima con jazmín... ¡Muchachooo, cuando a ti te dé la gana nos traes otra jarra de cervecita, que por aquí estamos secos!

¡Aaah, qué desgracia! Un camarero ha resbalado con la pringue del suelo, y ha volcado una bandeja entera de medallones de merluza en salsa verde encima de la Taila. Todo el local se descojona. Hasta los novios de plástico que hay en el pastel han soltado una gran carcajada diabólica.

Al Antoñín le chispean los ojos, pues los sobres con el dinerito se van amontonando. Más tarde descubrirán que varios vienen vacíos, hasta hay uno con un billete del Monopoly, en el que se lee: “Lo siento, pero está la cosa mu negra. La intención es lo que cuenta. Un beso, anónimo”.

¡Ay, Dios, no es posible, creí que al menos en esta boda no ocurriría, pero sí! Con el pastón que la madre de la Charito se ha dejado en Pro-Novia, y toda la dedicación de unas estilistas que se han pasado tres horas entre el peinado, el postizo y el maquillaje… para que la niña de pronto aparezca con unos tenis de macarra, comprados en el baratillo, con la idea de que no le duelan los pies en el baile.

Son las 6 de la mañana. Un portero es avisado de que fuera hay un patoso liándola. Se trata del Angelito, un profesor de educación vial, primo del novio, que quiere marcharse en su coche con su mujer y sus tres chiquillos. Hasta ahí bien. El problema es que lleva en la sangre media bodega de Chiclana y otra media de Jeréz. El portero del local y tres señores más intentan convencerlo para que se vayan en taxi:

-Angelito, tu coche no es el rojo, es el blanco... anda, dame la llave por favor...

-¡A ti guien te ha dicho gue yyo no toi pa condusí, pedaso dde sieso! ¿Gue me estai pidiendo violensia? ¿no?¡Pue o voy a partí to la ensía, con una patá de kun fú, y luego voy a llamá a la puulisía, pa gue te ponga lass espuela!

Una semana y media después...

La madre de la novia recibe una llamada desde la embajada española de República Dominicana. Le informan de que su hija y su yerno han estado cuatro días ingresados en un hospital, pues en el barco que les llevaba a la costa fueron devorados por una plaga de chinches. Le aseguran que ya están perfectamente, pero que ahora deberán permanecer encerrados en el hotel durante un tiempo, ya que Punta Cana está en alerta máxima debido a la inminente amenaza de un huracán.

Al final el huracán no llegó hasta allí, pero el regreso a casa se demoró cuarenta y ocho horas más, porque coincidió que había huelga de pilotos, lo que ocasionó que tuvieran que hacer dos noches en las salas del aeropuerto. Ya en Barajas, sufrieron otro percance debido a que se perdieron las maletas.

Siete meses después del enlace, la Charito y el Antoñín han decidido divorciarse. Los motivos son insalvables. El no soporta el olor de la cera de depilar de la Charito, ni que su suegra deje los sujetadores detrás de la puerta del cuarto de baño. Y ella no tolera que él tire los calcetines debajo de la cama, ni que tras ir al báter, no pase bien la escobilla.

Pero no supongan que esta historia va a culminar mal, eso jamás. Actualmente el Antoñín vive de nuevo con su madre, y es feliz entrenando los fines de semana a los alevines. Todos los sábados se va de juerga con el Angelito, y entre esas, le sale algún que otro apaño. La Charito ha comenzado una relación con un sargento canario, que parece buen hombre. Ella está encantadísima, pues él le ha prometido un nuevo matrimonio, dos hijos, una hipoteca y una bañera antiestrés. Incluso piensa llevarla todos los veranos de vacaciones a Benidorm, a pesar de que ahora viven en pleno paseo marítimo de Cádiz.




The End

¡Eh vos, querés ilusionarte, ché!

26 de mayo de 2009






Por el Juan An.


Algunas de las preguntas que formulo cuando hago la entrevista a un paciente que acude por primera vez a la consulta son:

¿Tiene usted ilusiones en la vida?

¿Es aficionado a algo?

Y puedo decir por la experiencia de los años, que la respuesta más frecuente es: No. En el mejor de los casos te cuentan que oyen música o ven películas. También hay excepciones por supuesto.

Pero lo más inquietante es que muchas veces, no se trata de personas mayores, ni de depresivos, que en teoría debería ser el perfil habitual, sino de sujetos jóvenes, saludables e incluso con preparación académica. Hasta he observado que es una pregunta descolocante para los pacientes, ya que a veces no la relacionan con la patología que presentan.

¿Cómo se puede vivir sin ilusiones? ¿sin aficiones? ¿sin hobbies? Uno se plantea.

¿Será por una cuestión económica? ¿Será por falta de ofertas? Y a poco que nos fijemos, nos damos cuenta de que estos factores sólo pueden influir, pero no son la causa real de tal pérdida de aliciente. Más bien deberíamos indagar en otros aspectos que estarían más relacionados con los estilos de vida, y con la manera de percibir el mundo.

Es verdad que muchos anhelos dependen del dinero para poder cumplirse, pero también es cierto que otros muchos revoletean más en el plano de lo anímico, de lo espiritual y de los ideales. Por eso, la ausencia de motivaciones tal vez sea consecuencia del adormecimiento de nuestra consciencia, que no sabe o no puede aún apercibirse del extraordinario acontecer que es la vida en sí misma. Esta vida misteriosa que ya estaba antes de nosotros nacer, y que se desarrolla incomprensiblemente en un medio fascinante como es el cosmos.

Dicho con lenguaje poético, nuestro planeta es una giratoria perla azulina, suspendida en una nada sin confines, pero que no parece contener suficiente misterio, ni suficiente expresión de belleza y encanto, al menos para la "Especie Humanidad" que la habita en estos tiempos. También es un hecho desmoralizante el que nos hayamos convertido en desencantadores y desilusionadores profesionales de los sueños de otros seres que aún tienen a bien vivir con entusiasmo.

Seguro que muchos de ustedes han sentido en sus carnes, alguna vez, el que alguien les halla puesto pegas y obstáculos a un proyecto o a un ideal, que en ese momento era un alimento perentorio para su alma. Y si rebuscan en el baúl de sus vivencias también puede que se descubran como la espada cortante que en un momento determinado sesgó los sueños de otras personas.

Esta actitud involutiva que mantiene el ser humano de cuestionar y sopesar las ideas e ilusiones, bien sea en uno mismo o en los demás, casi siempre suele ir en relación a la renta o el beneficio que se vaya a obtener al final del camino. De tal forma que si aquello que se promueve no resulta económicamente beneficioso , no es conveniente y se termina viendo como una acción de simple candidez, o poco inteligente.

La pérdida de la capacidad de asombro de la que ya he hablado en otros comentarios, es quizá el origen de los sin sabores que experimenta nuestro corazón. Y así, los pequeños detalles que van conformando la existencia, no son vivenciados con el interés y la atención que merecen. Como consecuencia, terminamos lanzándonos a la búsqueda de emociones fuertes y desafiantes, donde el riesgo y la extralimitación son la ansiada vitamina para la resurrección. Así que jódanse los viejos y los impedidos, que la verdad de sentirse vivos y renovados depende de engancharse de una pata y tirarse con una cuerda por un puente, o de poner la “Kawa” a la velocidad que a uno le salga de los mismísimos cojones. Claro, en esta ausencia de ilusión, de nuevo “Don Ego” puede verse implicado. De ahí a que tengamos que escuchar frases como:

-Pero es que a mí esta ciudad ya se me ha quedado pequeña

Y uno dice:

-¡Coño! ¡Tanto as engordado tú, Johnny!

A quien le pudiera valer las experiencias personales de un servidor, le diré que por suerte, cada amanecer me levanto con un gusanillo nuevo en la barriga. A veces es un libro que me gustaría leer, otras veces es algún plato que quiero probar. Ahora estoy haciendo teatro, y por otro lado, voy aprendiendo algo más sobre vinos. También, desde hace algunos meses, ando preparando productos naturales, como pomadas, ambientadores o dentríficos que elaboro lo más artesanalmente que puedo, porque creo que la artesanía es un arte que sana.

Las aficiones pienso que hay que querer encontrarlas, y flirtear con ellas, aunque al principio no nos interesen demasiado. Con un poco de apertura, les vamos cogiendo el gusto, y si tenemos la fortuna de encontrar a personas que sepan contagiarnos su pasión hacia algo, entonces la magia se dará.

Recuerdo a un albañil que trabajaba cada día tras el muro que daba a mi consultorio. Una buena mañana llegó desbordado, como si hubiese visto una aparición mariana. Pude escuchar como le contaba a sus compañeros una experiencia que había vivido el día anterior en el campo de su hermana.

Les explicaba que a media tarde, mientras tomaba café en el porche, observó que debajo de una parra había un grupo de hormigas, perfectamente organizadas, que cargaban con unas gigantescas cáscaras de frutos secos, y que lo hacían con una gracia y una habilidad que impresionaba . Entregado en su narración, les detallaba el tortuoso camino que recorrieron hasta finalmente introducir sus provisiones en el hormiguero.

Sin duda aquella revelación vivida en lo que podría representar el “micro-mundo”, conmovió de forma ilusionante a aquel buen hombre. Es obvio que había entrado en un estado amplificado de consciencia donde pudo ver la belleza de lo pequeño, en un instante de contemplación.

Puede que sea este el primer descubrimiento para vivir ilusionadamente, la contemplación. Un estado que coloca al ser en una posición de dignidad, donde no se interviene en los procesos, siendo uno un mero espectador de la gran función. En esta disposición se obtiene una calma tan necesitada como provechosa. Una serenidad que nos permite ver el juego vivaz de una naturaleza alegremente ilusionada. Una parsimonia, que nos sensibiliza para así empaparnos del ánima de todos los elementos en sus inagotables recreaciones.

Yo siento como la vida todavía se ilusiona consigo misma, entreteniendo al ciprés con el viento. Maquillando las amorosas tardes con sus difuminadas acuarelas. Acudiendo fielmente a las citas estacionales. Contemplando, siento que el nido de un pájaro aún sigue siendo la cuna más tierna que he conocido. Siento como la savia se afana por ornamentar el bosque, perfumando su madera. Y siento como aún la creación derrocha divertimento, produciendo en su expansividad más y más urdimbres de universo, nuevos tiempos y espacios, para que sean sembrados de inimaginadas posibilidades.

Quiero culminar este texto con el mismo mantra con el que lo empecé.

¡Eh vos, querés ilusionarte ché!

Nuevo Premio Babuchazo: "No te pases ni un pelo".

7 de mayo de 2009










Por el Juan An.


Tenemos el gusto de otorgarle un nuevo Premio Babuchazo, con mucha camomila, al caso de la peluquera rusa del momento. ¡Sí hombre!, ¿no se han enterado? Se lo voy a contar a mi estilo.

Resulta que, hace unos días, saltó la noticia de que en una peluquería de Rusia, un ladrón entró para robar la recaudación, con tan mala suerte que la peluquera era la prima hermana de Chuck Norris, o sea, una experta en artes marciales, habilidad que utilizó la muchacha en el instante para hacerle al pobre delincuente tres llaves de judo y una llave de paso. Salió más mal parado que Remedios Amaya cuando fue a Eurovisión.

Pues a la niña no le hizo falta el neutralizante, lo neutralizó de un puntapié. Una vez reducido en el suelo, lo encerró en la cabina de rayos uvas, le amarró con el cable del secador, y lo amordazó con una tira de las de hacer las ingles, y ya aprovechó y le depiló el bigote. Seguidamente le pidió a sus clientas, la Ivana, la Dimítria y la Bladimira, que se piraran, que ya la policía venía en camino, pero no era cierto.

Nuestra heroína, tras quedarse sola con su víctima, se llegó un momentito a la farmacia de la esquina, y se ve que estaba un poquito a falta, pues compró una caja de Viagra. Durante la siguiente media hora, hartó al caco de pastillitas azules, y cuando el hombre ya tenía aquello como un bote de laca Nelly, la niña, que de tonta no tenía un pelo, se le tiró en lo alto y se volvió loca.
Según declararía posteriormente el ladrón, fueron 48 horas sin parar las que estuvo la peluquera haciéndole “guarreridas españolas”, o para el caso, “moscovitas“. O sea, que en vez de darle un tinte, le hizo una decoloración en el miembro. Podríamos decir que más que sanearle las puntas, le saneó la punta. El resultado fue que el pobre ratero entró a atracarla con la excusa de que le hiciese un cardado, y lo que acabó fue escaldado.

Cuentan que al final lo tuvieron que sacar con una mascarilla, y no precisamente de Loreal. Esa chiquilla no te corta el cabello, te corta la cabellera. Dicen que allí la única espuma que hay es la que echas por la boca de la paliza que te puede dar. Naturalmente, tras lavarte la cabeza no te pone acondicionador, te pone condiciones. Como para que te invite a su centro a una reunión de “Tupper Ware“, vamos, no le compras unos platos o una yogurtera, y es capáz de romperte las rodillas con una kata de Aikido, y luego rematarte con un catavinos. Y es que en ese salón, más que hacerte las mechas, te hacen las brechas. Y como se te ocurra pedirle una ampolla para la sequedad, te deja seco y con ampollas.

Sepan que en su local, “la rusa” no contrata a nadie para barrer, pues los barridos está claro que los propina ella. Por supuesto que no usa el agua oxigenada, sino el alcohol de romero , para rebajar las contusiones. Si piensas hacerte la manicura, mejor no le exijas que te saque las cutículas, porque lo que te va a sacar va a ser una clavícula. Allí no te pintan las uñas, ¡allí te las clavan!

Yo que quieren que les diga. ¡Bravo por la Rusa!, porque con mujeres como esta, la violencia de género se acabaría en tres días. Y como bien dice un barbero amigo, nuestros gallitos ibéricos se iban a enterar de lo que vale un peine.

En cuanto al ladrón, no sabemos si le ha servido la experiencia de escarmiento, pero lo que si ha sacado en claro, es que el mejor tratamiento para prevenir la caída es no entrar nunca en esa peluquería.


Este artículo se lo dedico con cariño a mi madre, a Jose, a Mario, a mi hermana, a mi prima Mari y a mi prima Raquel.

Poema: "El Vino"

29 de abril de 2009

Tú, distinguido compañero en mi caminar,
esencia que sentencias en el paladar.
Tu, desangrado Tinto y Bermellón,
sin vergüenza en mi cabeza
y en mi alma benefactor.
Sagrado licor que me bañas en desnudez,
te vi acoger a toda casta,
encendiendo mi mesa y la del buen burgués.
Pudieras parecer bíblico y pagano,
mas por encima abrigo en el camino
de nuestro vagar humano.
De las antiguas orgías inductor y padre,
de las juergas de la alegría, seductor afable
hoy en una brizna de luz de este chorro escarlata
hacia tu espíritu marcho,
allá entre mi preciada bota
y la boca que ensancho.

Por Juan An

Sorpresas Te Da la Vida, en Re Mayor.

15 de abril de 2009

Por: El Juan An.





"Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas."


Así es, y aunque esta letrilla pertenece a una canción que siempre me pareció bastante bonita, no solía ser en mí, una constante el impresionarme con el panorama musical que acompañaba mi adolescencia, ni siquiera mi recién estrenada adultez, que exclusivamente fue consolada con los levitantes himnos de El Ultimo de la Fila, y los sonidos más vampíricos del pop británico, que tanto me conmovió, y lo sigue haciendo.

Pero como digo , sorpresivamente, y cuando mí sensibilidad musical empezaba a resignarse iremediablemente a las melodías más insípidas y desganadas de la historia del arte, y me refiero a la adolecida época de los 90, el destino me regaló algo que me haría nacer a sensaciones musicales que jamás pensé que existían. Era como tener el mar frente a ti cuando el bochorno veraniego te aploma y no reconocer que esas aguas pueden ser un bálsamo de frescura en tu piel.

Porque, aunque la música clásica siempre estuvo ahí, intentando coquetear con mis sentidos, nunca me atreví a probar su pócima, ya que ponía resistencia a esa enmarañada marea de notas, desprovistas de guitarras y baterías, de las que mis oídos no hacían lectura. Y a esas carátulas de discos , muchas veces en tonos ocres y marrones y que mostraban los rostros languidecidos de unos músicos anticuados y demasiado alejados para mi “body”, en el tiempo y en la estética. Y fue gracias a un inquietado personajillo de aspecto desaliñado, melómano de pro, de esos apasionados, que se montan su propio opus, tocando el violín con una paletilla de jamón y una percha, y dicho sea de paso, que se ha convertido en uno de mis amigos más adorados, ahora soy yo quien fermenta en pasiones, dirijiéndo delante de la mini-cadena, la inconmensurable Júpiter de Mozart con una aguja de mi madre, de las de hacer punto de media.

Recuerdo que me quedé absorto cuando por primera vez, escuché completa la novena sinfonía de Beethoven, La Coral, obra que fue compuesta cuando el músico Alemán, ya estaba más sordo que el jefe de máquinas de un barco mercante. ¿Cómo podía ser eso posible? Es como si un nota con 37 dioptrías en cada ojo pintara uno de los frescos más impresionantes de la historia y se quedara tan a gusto.

Todo el mundo opina que la locura es un mal indeseable, pero no es del todo cierto. Si no, que se lo pregunten a los amantes de la obra de Schumann, que merced a que tenía un buen plomillazo dado, desgranó monumentales melodías, que de haber estado cuerdo, tal vez no las hubiese cazado jamás de entre las musas. Y si no fuera porque me gusta más una mujer que a Martina Lavratilova, os confesaría que los conciertos para flauta de Antonio Vivaldi, hoy me entran solos por el culito y sin vaselina.

Una vez mi compadre Rafa, el inductor de mi afición a este universo de los clásicos, me hablaba de la inacabada octava sinfonía de Schubert, y me decía que ningún estudioso se ponía deacuerdo en cuanto a los motivos que llevaron al genio a dejar a medias aquella composición. Mi amigo sin embargo opinaba con mucha gracia que los dos primeros movimientos eran unas piezas tan bellas que no tuvo cojones de terminarla. ¡Qué lástima que el chiquillo duró menos que una saliva en una plancha! Pero seguro que en su inmortalidad, que la tiene, sigue haciendo sus famosas Schubertiadas, bordando hermosos Lieder en las tabernas del cielo. Quizá, la única pega que le pongo a esta manifestación artística surgida en la vieja Europa, es que huele demasiado a huevos, en detrimento de las mujeres compositoras, que existieron, pero que desafortunadamente una vez más quedaron encerradas en la cajita musical del olvido.

Declaran los entusiastas, que la música es la vida, y en cierto modo, razón no les falta. Y sería una celebración que los jóvenes conocieran y se empaparan del legado de dos siglos que fueron brillantes para este género, del cual, el poder cultural y económico, les ha sabido privar, ofertándoles una única cara de la moneda.

La música clásica es un presumido camino de inflorescencias, donde cada pentagrama se inunda de fantasías cromáticas, pues hay música de cualquier color. Se componían Sonatas doradas, Adagios azules y misas púrpuras.

Y yo he aprendido a amarla, desplegando los lienzos vírgenes de mi corazón, para que sean impresos de su gloria.

Ahora sé navegar sobre impetuosas escalas que se proyectan como deidades hacia las estrellas. Ahora siento como vibran mis entrañas cuando mi espíritu se aventura entre acordes de nácar que van acunando notas de frenesí. Y cada cierto tiempo , en la noche, cuando un claro de luna me va robando los suspiros, suelo preguntarme sobrecojido, ¡Oh, Dios de los Cielos! ¡¿Cómo habría sonado para el mundo la décima sinfonía de Beethoven?!

Sanarse en la Fantasía

1 de abril de 2009

Escrito por: El Juan An.


Los seres humanos de tiempos remotos, parece ser que poseían la capacidad de maravillarse de todas las expresiones de vida en las que se sentían inmersos, establecer comunicaciones con entidades inmateriales, o ser partícipes de experiencias que bien podrían rozar lo prodigioso. Y digo parece ser puesto que cuando una época anterior, no encaja perfectamente dentro de un tiempo lineal, se convierte para las mentes racionalistas en un periodo incierto que más bien tendría que ver con mitos y leyendas, que con un acontecimiento real .

Ni que decir tiene que cualquier documento escrito que pudiera dar testimonio de la veracidad de dichos periodos, termina siendo tachado por los historiadores más ortodoxos y subjetivos con el calificativo de narraciones exóticas, que recogen elucubraciones, infundadas creencias o supersticiones.

Así ha ocurrido con ciertas culturas antiguas, como la cuestionada primera dinastía China, denominada Xiá, a pesar de los recientes hallazgos arqueológicos que vierten luz a favor de su existencia. O de la mítica Atlántida descrita por Platón. O posibles civilizaciones anteriores a la Maya o a la Egipcia.

Podríamos preguntarnos: ¿Qué relación guarda esta explicación con la fantasía y con lo mágico? Pues verán. Leyendo sobre los estilos de vida que estos supuestos seres de la alta antigüedad desarrollaban, así como su forma de pensar y de relacionarse con el medio natural en el que habitaban, podemos apreciar cómo el mundo fenoménico era percibido por ellos con características muy diferentes a como la sentimos los seres humanos de la actualidad.

Todo indica que su dinámica mental se movía hacia una tendencia unitaria, y no dualista como ocurre en los seres humanos modernos. Tanto su pensamiento como su sentir en base a lo que nos ha llegado gracias a las tradiciones animistas, no estaban disociados entre fantasía y realidad, entre materia y espíritu, entre la vida y la muerte, entre el estado de sueño y el de vigilia o entre lo animado y lo inanimado, asumiendo el fenómeno que llamamos vida como un proceso integral, donde la multiplicidad de acontecimientos que componen la existencia, no era más que la aparente e ilusoria diferenciación en partes de una totalidad. De una red que conecta todo con todo. De una trama universal donde los procesos no se dan aisladamente, sino que pertenecen a un solo cuerpo sutil.
Sabemos, merced a la ciencia, que la materia concreta, desde una visión abierta, es una densificación de la energía, que se ha lentificado. Como nuestros sentidos sólo pueden percibir esta realidad concreta, nos lanzamos a pensar que esa es la única realidad, pero honestamente, es una torpeza humana hacer esta aseveración con rotundidad, rechazando la existencia de otros planos de vida. Pues no hemos tenido en cuenta que nuestros sentidos tienen un límite de percepción, y que debido a ello, sólo podemos advertir una parte muy pequeña de las múltiples dimensiones que nos rodean.

Muchas especies animales han desarrollado sus capacidades sensoriales con mayor agudeza y amplificación que los humanos. Así es que pueden percibir movimientos sísmicos con días de antelación, o visualizar imágenes inapreciables para los hombres. ¿Cuantas veces no hemos observado como los gatos caseros dan gañafadas en el aire, dirigiendo el ataque hacia una misma dirección, donde no hay absolutamente nada apreciable? ¿O cuantas veces los perros no habrán ladrado a la pared, con los ojos clavados en algún punto exacto, donde no había nada, ni siquiera sombras? Y no piensen que insinúo que están viendo muertos ni cosas así, ¡no! lo que pretendo explicar es que, si nuestros sentidos tienen una capacidad limitada para apercibirse de la realidad, no estamos en condiciones de definir que es realidad, y que no lo es, ya que ni siquiera podemos comprender, ni interpretar sin dificultades, qué es el mundo concreto, el mundo que vemos, olemos, palpamos y oímos. Obviamente esos animales están viendo algo que para ellos es real, aunque el fenómeno en sí no pertenezca a este plano, y no creo que podamos decir que es fruto de su mente, ya que los estaríamos catalogando como esquizofrénicos, porque entonces todos los gatos y perros del mundo estarían locos.

Exactamente igual sucede con los niños, cuando en sus primeros juegos, incluyen a seres invisibles, con los que comparten su tiempo y su espacio. Con los que se ríen he intercambian secretos. Para estos niños sus compañeros invisibles son tan verdaderos como cualquier otro amigo. No creo que se deba a ningún tipo de trastorno psíquico, ni ninguna inmadurez cerebral. Realmente lo están viviendo con total intensidad y naturalidad.

Quienes sabiamente, son capaces de asombrarse de todo cuanto les rodea, porque asimilan la vida como un acontecimiento, único, insólito misterioso e incomprensible, no hacen distinción entre fantasía y realidad, ya que para ellos un arco iris, un cielo adornado por la Aurora Boreal, o un atardecer cualquiera es un espectáculo mágico y milagroso, que por si mismo tiene connotaciones de fantasía y de ilusión. Por supuesto no están locos, son personas con los pies bien posados en el suelo, pero con la consciencia libre de prejuicios y de dicotomías, por eso no son seres tarados, ya que su mente es atenta, clara y concentrada. Aceptando esta forma de sentir la creación, nos animamos a expresar que habitamos en una realidad fantástica y a la vez toda manifestación, es una fantasía muy real.

Hay una anécdota muy interesante que cuenta como un señor inglés de mentalidad occidental, visitó un lugar de América poblado por aborígenes, y al ver a un indígena hablando con un árbol, se le acercó y con escepticismo le preguntó:

-¿De verdad, tú puedes hablar con los árboles?

Entonces el indígena se giró y le respondió muy sorprendido:

-¿Pero es que acaso tú no?

Es lastimoso que muchas religiones hayan tratado la fantasía como algo negativo y peligroso. Así la imaginación, el vuelo y el fantasear han sido considerados como sombras del diablo a las que hay que apartar a toda costa, . Han propagado la idea de que la fantasía, los cuentos y la magia, son vivencias dañinas porque nos distraen alejando nuestros pensamientos de Dios y de las escrituras. Como si lo divino, siendo una fuerza increíble e inconmensurable, no nos hubiese dado suficiente muestra de fantasía viva, con sus encantamientos, colores, cortejos y oasis. Como si la inagotable creación no contuviese suficiente gracia, chispa, variedad y alegría para crear magia ilusión y filigranas de luceros y paisajes. Como si lo eterno no poseiera recursos humorísticos, para rociar a su antojo el universo, con espirales, ensueños e infinitos hechizos de nebulosas.

Podemos impregnarnos de esa vía sanadora que es la fantasía. Una forma cercana de liberarnos de las limitaciones, de sanar los atascos que nos crea tanta lógica predominante, y la obsesiva materialidad. Toda una oportunidad de sanarnos volviéndonos creativos, rescatando esa inocencia olvidada que los adultos adulterados, queremos abortar en los niños ya desde sus primeras experiencias, inculcándoles la sentencia de la cruda realidad.

Que cruda realidad, ni que pollas en vinagre! Pintémosles coloretes y alas a las penas del alma. Poseemos suficientes entramados neuronales, como para parar cuarenta trenes, quinientos carromatos y diez mil dragones, y luego echarlos a correr y a volar de nuevo si queremos.

Soñemos despiertos.

Sin necesidad de drogas de éxtasis, ni acido, ¡ni su puta madre y padre! ¿Por qué no? Pensemos en un tigre azul sobre el cual galopar entre selvas encantadas. Inventemos un planeta, hecho de aguas coloreadas, que sea habitado por duendecillos de luz, que anden siempre de parranda. porque en la medida en que lo pensamos, lo estamos creando. ¡Ya es real!, ¡existe!, aunque en una esfera vaporosa, etérea, lumínica, a pesar de que lo rechacemos por nuestra férrea inclinación a aceptar como real sólo lo tangible y manipulable.

Acaso todo lo que nos rodea, ¿no es el fruto de una idea, de un pensar, de una imaginación, que luego se transformó en objetos, en casas y ciudades? ¿Cuánto no tendrá entonces de auténtico y valioso el mundo de los pensamientos, que es capaz de proyectarse y generar otros mundos de productos útiles y prácticos?

Usemos todo nuestro potencial creativo. No es malo. No nos va a desconectar patológicamente de la realidad, al revés, nos sintoniza armoniosamente con ella. No es pagano, ni pecado fantasear "¡Joé!" Ni es ninguna debilidad inspirada por demonios ni por “demonias”. Es bucear en las maravillas por descubrir, es volar lejos, muy lejos, envueltos en la belleza de la creación, que nos recuerda con su amor, que juntos somos viajeros en el camino de lo siempre posible.

La Dinastía Ming, el Ajedrez Chino y la leyenda de Hua-Shan.

19 de marzo de 2009


La Dinastía Ming

La dinastía Ming fue la penúltima dinastía china, que gobernó entre los años 1368 y 1644. Sucedió a la dinastía Yuan (1279-1368), de origen mongol. Su sucesora sería también una dinastía extranjera, la dinastía manchú de los Qing (1644-1911).

La dinastía Yuan de los mongoles tuvo que enfrentarse en el siglo XIV a numerosas revueltas debidas en gran parte a los desastres naturales que asolaron China en aquella época. El descontento con una dinastía que, además, era vista como extranjera, provocó numerosas rebeliones. Una de estas rebeliones, que acabaría estableciendo la nueva dinastía Ming, fue encabezada por el monje budista Zhu Yuanzhang, que funda la dinastía Ming ("brillante"), con capital en Nanjing, en el año 1368. Zhu Yuanzhang se convirtió así en el primer emperador de la dinastía Ming. Utilizó el nombre de época Hongwu para todo su reinado, por lo que se le llama habitualmente el "emperador Hongwu".

El emperador Hongwu, soberano competente y eficiente, aunque algo despótico, instauró la paz y la prosperidad. Reformó la sociedad china: abolió la esclavitud, confiscó las grandes propiedades y las redistribuyó entre los pobres, y exigió más impuestos a los ricos. Con Hongwu resurgió el orgullo nacional y la seguridad de los chinos en sí mismos. China empezó a reafirmar su poder sobre sus vecinos, y su ejército era capaz de repeler los ataques externos.

Su sucesor acabaría siendo su hijo, el emperador Yongle. Éste subió al trono tras una breve guerra civil en que se hizo con el poder arrebatándoselo al sucesor legítimo, sobrino suyo. Su falta de legitimidad le hacía tener enemigos en Nanjing, por lo que decidió trasladar la capital a Beijing (Pekín), donde tenía su base de poder. Sin embargo, para poder ejercer el poder desde el norte era necesario tener buenos medios de comunicación con el sur, por lo que la capital se mantuvo en Nanjing hasta que se acabó de construir el Gran Canal.

Sería precisamente durante el reinado de Yongle cuando China se convertiría en la primera potencia marítima del mundo, como evidencian los siete viajes del almirante Zheng He. Y es que sin duda los juncos chinos eran en esa época los más grandes y mejores barcos del mundo, a cuyo lado las pequeñas carabelas españolas y portuguesas quedaban a la altura de cascarones de nuez.

Zheng He, "el Colón chino", fue uno de los navegantes más importantes de la historia, pero su nombre no figura en los manuales, a menos que estos hayan sido impresos en Pekín. El gran eunuco recorrió a principios del siglo XV todo el Océano Índico, viajó por el Golfo Pérsico, exploró la costa oriental de África y parte del Pacífico.

Recientemente, un polémico estudio firmado por el ex-comandante de submarinos británico Gavin Menzies afirma que Zheng He hizo mucho más: entre 1421 y 1423, rodeó el continente negro, atravesó el Atlántico, descubrió América, cruzó el estrecho de Magallanes y fue el primero en circunnavegar el mundo. Si ello fuera cierto, resultaría que Zheng He llegó a América 70 años antes que Cristóbal Colón (1492), y dió la vuelta al mundo 100 años antes que Fernando Magallanes y Juan Sebastián Elcano (1522).

La época Ming fue una época de crecimiento económico y esplendor cultural en que se produjeron los primeros contactos comerciales entre China y las potencias occidentales. Precisamente, el comercio con las potencias occidentales y con Japón, que los Ming intentaron impedir durante mucho tiempo, llevarían a una mercantilización de la sociedad similar a la que se había producido durante la dinastía Song (960-1279).

Estos contactos con otros países, sin embargo, mostraron la debilidad de China frente a Japón y las potencias europeas. La dinastía Ming entraría en declive económico y social hasta su caída durante el reinado del emperador Chongzhen, que se suicidó en 1644 cuando Pekín fue conquistada por un ejército rebelde liderado por Li Zicheng. El vacío de poder que se produjo en China facilitaría la entrada de los conquistadores manchúes, la nueva dinastía Qing. Para los soberanos Ming, que se mantuvieron en el poder casi 300 años, China era el centro del mundo.

En el año 2006 fue hallado un tablero de ajedrez del siglo XIII grabado en una piedra de la Gran Muralla. Según los arqueólogos, el tablero fue usado por vigilantes, posiblemente durante la dinastía Song, y se encuentra junto a una de las torres de vigilancia del célebre monumento. Además se ha encontrado en el mismo lugar otro tablero grabado de un popular juego de esa época, llamado "el tigre se come a la oveja". El tramo donde se localizaron estos grabados está junto a la localidad de Qinhuangdao (noreste de China), el extremo oriental de la muralla, junto a las costas del Mar de Bohai. Aunque la existencia de estos tableros de ajedrez no se nombra en ningún documento histórico, los historiadores consideran que este tipo de juegos eran muy usados por los soldados de la Gran Muralla, durante siglos, con el fin de matar las largas jornadas de vigilancia.

La Gran Muralla se edificó hace más de dos milenios para intentar frenar las invasiones de pueblos nómadas del norte de Asia (mongoles, hunos...) a China, aunque no siempre logró su cometido. Los tramos mejor conservados de esta muralla se encuentran en las cercanías de Pekín, y pertenecen a las partes del muro que fueron restauradas y reforzadas durante la dinastía Ming.

Una teoría actual defiende con argumentos muy serios que el origen del ajedrez está en China. Según dicha teoría fue inventado en los años 204-203 a.C. por Han Xin, un líder militar, para dar a sus tropas algo para hacer durante el campamento de invierno.

El juego chino de los elefantes (Xiang Qi) deriva del Chaturanga y lo transmitieron a Corea y Japón. Se juega sobre un tablero cuadrado. Posee una zona neutral: el río fronterizo. El río simboliza una frontera defensiva. Los elefantes no pueden cruzar el río. Además los peones pueden moverse de lado al cruzar el río. No existe la promoción del peón pero adquieren la cualidad de moverse de lado. Se juega con fichas planas y redondas, que se colocan en las intersecciones de las casillas, en las que están escritas las figuras que representan. Los chinos afirman que la reglas modernas del ajedrez chino fueron formuladas durante la dinastía Song, hacia el año 1.000 d.C. En china el ajedrez chino es mucho más popular que el ajedrez entre nosotros, lo que lo podría convertir en un juego más practicado.

Así describía el escritor norteamericano Foster Stockwell la ascensión que realizó al monte Hua-Shan en 1983:

Muchos otros viajeros occidentales que han conseguido coronar los cuatro picos de esta escarpada montaña también han comprobado la dificultad de la ascensión y experimentado la rara sensación de "convertirse en medio inmortal", aun sin estar iniciados en taoísmo ni saber nada de la mencionada inscripción. No en vano, a medida que se asciende por este emblemático monte, parece que uno estuviera llevando a cabo una de las tareas más arduas de su existencia. Escaso esfuerzo comparado con el efectuado por los monjes taoístas que, orgullosos de prosperar con las privaciones y las dificultades, han construido en las empinadas laderas magníficos templos y un largo sendero hasta la cima, una auténtica escalera que partiendo del mundo permite identificarse con la vía celeste (T'ien-tao) y rozar el espíritu del Tao, causa permanente del devenir universal y del mundo fenoménico que procede de él y vuelve a él.

Escalera al cielo

Desde tiempos inmemoriales el monte sólo ha tenido un sendero único, pero es tan escarpado y estrecho -en algunos puntos el cielo parece un pequeño pozo- que la sensación de peligro es permanente. Hay cadenas para ascender por los escalones -unos diez mil- esculpidos en la roca, pero en algunas zonas del recorrido es preciso sujetarse con las dos manos para evitar el vértigo y el pánico, ya que buena parte del sendero atraviesa precipicios a ambos lados como el del Dragón Negro (canglongling), esculpido en una empinada arista de roca que tiene tan sólo 80 centímetros de anchura.

Hay varias secciones de "cuello de botella" casi verticales, que son sumamente peligrosas cuando hay muchos peregrinos, sobre todo si además hay hielo y agua. Y cuando uno piensa ingenuamente que ha dejado atrás lo más duro de la escarpada ruta se encuentra con unos empinados peldaños que ascienden por un desfiladero con un ángulo de 90 grados. Se trata de la "garganta de los cien escalones". No acaban ahí los sustos: un poco más adelante hay que atravesar el "puente de los dos inmortales", y luego el "entrecejo del mono" para alcanzar caerya, paso que significa "subiendo a la escalera del paraíso".

Una idea de la dificultad de la ascensión la muestra el hecho de que durante la Revolución Cultural, los Guardias Rojos que intentaron destruir todos los templos taoístas sólo consiguieran derrumbar los situados en la parte inferior. Sin embargo, la prueba de resistencia física que supone el ascenso a Hua-Shan no detiene a aquellos que desean disfrutar de este magnífico escenario de picos y precipicios verticales, cascadas, manantiales y pinos venerables. Los peregrinos chinos que visitan el monte parece que si estuvieran haciendo una pequeña excursión y todas las primaveras, entre lilos y almendros en flor, se ve ascender por el abrupto sendero a miles de ellos sonrientes, incluidas ancianas de pies deformes.

Es un misterio cómo construyeron los antiguos taoístas este sendero. Se cuenta que el gran filósofo Lao-Tse, morador de Hua-Shan, surcó los escalones con un arado de hierro en una tarde al ver la dificultad que tenía la gente para abrir un sendero en la montaña. Así y todo, tuvieron que colgarse desde las rocas con cuerdas para esculpir los peldaños en el desfiladero. Igualmente difícil tuvo que ser el acarreo de los materiales de construcción para los numerosos templos que erigieron en los cinco picos. Algunas de las piedras debieron de ser llevadas a rastras por la cara del abismo con los monjes sujetos a cadenas, cuerdas y incluso lianas para arrastrarse a gatas. Aunque ahora un funicular hasta el Pico Este resulta muy caro y la mayoría de la gente precisa subir a pie, sobre los hombros, todo lo necesario para abastecer las necesidades de los templos y de los rudimentarios hoteles que hay en el camino. Desde Hua-Shan, el pueblecito emplazado en su falda, se tarda unas diez horas sin descansar en alcanzar la última cumbre, de forma que es preciso hacer noche.

Inscripciones y leyendas:
Una partida de ajedrez

Poetas, sabios y pintores han dejado inscripciones caligráficas en las rocas de la montaña enriqueciendo así su belleza. Estas caligrafías suelen estar hechas previamente con pincel y sobre papel y luego son copiadas en la piedra por auténticos artesanos. Algunas son pensamientos o poemas escritos en chino literario, incomprensible para muchos chinos modernos; otras simplemente señalizan el camino o se refieren a los templos taoístas que jalonan el sendero a las cumbres. Todos ellos poseen leyendas.

El templo de la Primavera de Jade, por ejemplo, se encuentra en la base del monte y fue construido hace más de novecientos años en memoria del monje taoísta Chen Tuan. Al parecer, Zhao Kuangyin, el fundador de la Dinastía de la Canción del Norte (960-1127), jugó un día al ajedrez con dicho monje, pero el futuro emperador perdió la partida y la montaña se convirtió en propiedad de los taoístas. Desde entonces los emperadores feudales de las dinastías posteriores nunca exigieron tributo a los taoístas de Hua-Shan. El sitio de la famosa partida de ajedrez se ha preservado y hasta principios del siglo XX poseía un tablero de ajedrez con las piezas colocadas tal y como estaban al final de aquella famosa competición.

También hay leyendas relativas a los cuatro picos de granito que coronan Hua-Shan situada en el condado de Huayin, 120 kilómetros al este de Xi'an, con una altitud de 2.200 metros, que a su vez enlazan las cordilleras de Quinling en el sur y bordean el Río Amarillo y el Wei en su parte noreste.

El Pico Medio de Hua-Shan también se llama el Pico de la Chica de Jade. Se dice que en primavera y en otoño Nongyu, hija del duque Mugong del estado de Quin, fue atraída por el sonido de una flauta que tocaba Xiaoshi. Abandonó su vida en la corte y volando en un fénix siguió a Xiaoshi hasta aquel pico para vivir recluida allí.

La leyenda del Pico Oeste explica la existencia de una gigantesca grieta en la mitad como si se hubiera partido con un hacha. Los sacerdotes del templo todavía muestran la marca. En el mango de un gran hacha hay una inscripción que narra la historia: se dice que un erudito que iba de camino a Chang'an para pasar un examen imperial atravesó el monte Hua-Shan y allí se encontró a la diosa del monte. Se enamoraron y tuvieron un hijo. Como a los inmortales no se les permitía amar a los mortales, la diosa fue apresada bajo la gigantesca piedra. Cuando su hijo creció consiguió partir la piedra con un enorme hacha y liberó a su madre.

También se cuenta que los taoístas inmortales se elevaban al Cielo desde las cumbres de Hua-Shan. Ellos se elevaban al cielo, pero todo aquel que ha subido a Hua-Shan se ha convertido en "medio inmortal" y, entre su mar de nubes, ha estado más cerca del cielo.